EDUCACIÓN Y HUMANIDAD: UNA REFLEXIÓN PEDAGÓGICA SOBRE LA FORMACIÓN INTEGRAL
El fenómeno therian invita a reflexionar no desde el juicio, sino desde la comprensión de las dinámicas culturales y educativas que influyen en la construcción de la identidad. En un contexto de “modernidad líquida”, donde las referencias tradicionales se debilitan, la educación enfrenta el reto de formar sujetos con sentido ético y conciencia de su dignidad. Más que centrarse en etiquetas identitarias, el desafío pedagógico consiste en fortalecer una formación integral que integre razón, afectividad y espiritualidad. Recuperar la educación como formación en humanidad es clave para construir una sociedad madura y responsable.
EDUCACIÓN Y HUMANIDAD: UNA REFLEXIÓN PEDAGÓGICA SOBRE LA FORMACIÓN INTEGRAL
Carlos Eduardo Mejía Bustamante
Pedagogo
RESUMEN
El fenómeno therian invita a reflexionar no desde el juicio, sino desde la comprensión de las dinámicas culturales y educativas que influyen en la construcción de la identidad. En un contexto de “modernidad líquida”, donde las referencias tradicionales se debilitan, la educación enfrenta el reto de formar sujetos con sentido ético y conciencia de su dignidad. Más que centrarse en etiquetas identitarias, el desafío pedagógico consiste en fortalecer una formación integral que integre razón, afectividad y espiritualidad. Recuperar la educación como formación en humanidad es clave para construir una sociedad madura y responsable.
PALABRAS CLAVES: Identidad, educación integral, dignidad humana
modernidad líquida.
********************************
En los últimos años han emergido con mayor visibilidad grupos de personas que se identifican como therians o teriáns, es decir, individuos que expresan una identificación profunda, simbólica, psicológica o espiritual, con determinados animales. Este fenómeno ha suscitado debates intensos y reacciones diversas. Sin embargo, la intención de esta reflexión no es emitir un juicio sobre las decisiones personales de quienes optan por esta forma de autodefinición, sino intentar comprender qué dinámicas culturales y formativas pueden estar influyendo en la manera como el ser humano comprende, o eventualmente distorsiona, su propia humanidad.
Comprender no significa justificar ni condenar; significa pensar. Desde algunos enfoques psicológicos contemporáneos, el fenómeno therian se interpreta más como una forma de autoexpresión y búsqueda de pertenencia que como un trastorno mental en sí mismo, salvo que exista una desconexión significativa de la realidad (Press, 2026). Esta lectura invita a desplazar la mirada del juicio hacia el análisis cultural y educativo.
La identidad personal no se construye en el vacío. Como se ha señalado recientemente, “la identidad personal se construye a partir de narrativas internas y contextuales, pero su significado profundo solo se comprende cuando se sitúa en diálogo con el mundo social y las narrativas colectivas” (Castellanos, 2026). En una época caracterizada por la fragilidad de los vínculos y la fluidez de las referencias culturales, la búsqueda de identidad puede adquirir formas inéditas.
Zygmunt Bauman (2000) describió nuestra época como una “modernidad líquida”, donde las estructuras sólidas que antes sostenían la identidad, familia, tradición, comunidad, se han debilitado, obligando al individuo a reinventarse constantemente. En ese escenario, la identidad deja de ser un proceso estable y se convierte en una tarea permanente. La pregunta pedagógica, entonces, no es por la rareza del fenómeno, sino por las condiciones formativas que acompañan esta construcción.
Desde mi mirada como pedagogo, la cuestión central no es la etiqueta identitaria, sino la formación del sujeto. ¿Estamos educando personas que comprendan la profundidad de su condición humana? ¿O estamos formando individuos competentes en lo técnico, pero frágiles en su comprensión ética y antropológica?
Hoy más que nunca se requiere una educación que piense al ser humano no solo desde lo que necesita aprender, sino desde lo que debe ser. En esta línea, Hoguane y Pinto (2023) afirman que “la educación como forma de promover la dignidad humana debe educar no solo en contenidos y habilidades, sino también en valores como respeto, solidaridad, diálogo y justicia, situando a la persona como centro del proceso educativo”. Cuando el sistema educativo reduce su misión a la productividad y a la medición de resultados, se empobrece la comprensión integral del estudiante.
Adela Cortina (2017) advierte que una sociedad madura requiere ciudadanos con conciencia moral, capaces de reconocer la dignidad del otro y de actuar con responsabilidad ética. Para ella, educar no es solo transmitir conocimientos, sino formar personas capaces de convivir en justicia. Si la educación descuida esta dimensión ética, la identidad se vuelve vulnerable a modas culturales pasajeras y a discursos fragmentados.
La dignidad humana, en efecto, no es una categoría negociable. Es un valor inherente a toda persona. Kleindienst (2024) sostiene que “la dignidad de la persona, entendida como valor inherente a todo ser humano, es la base moral de una visión de sociedad que reclama respeto, empatía y compasión”. Esta afirmación cobra especial relevancia cuando las discusiones sobre identidad tienden a polarizarse entre aceptación acrítica y rechazo descalificador.
El Papa Francisco ha insistido reiteradamente en que la educación debe formar personas capaces de encuentro y de sentido. En Fratelli tutti, recuerda que “nadie se salva solo” (Francisco, 2020, n. 32), subrayando que la identidad humana se construye en relación y responsabilidad compartida. Asimismo, en el Pacto Educativo Global, ha llamado a poner en el centro a la persona y a promover una educación que forme “cabeza, corazón y manos” (Francisco, 2019). Esta integración evita reduccionismos y rescata la dimensión integral del ser humano.
La educación tiene, por tanto, un compromiso enorme. Tal vez, en medio de múltiples enfoques pedagógicos y teorías educativas, se ha perdido lo fundamental: formar al ser humano en todas sus dimensiones. Cuando se fragmenta el currículo y se prioriza únicamente la competencia técnica, se debilita la reflexión sobre quiénes somos y qué responsabilidad tenemos frente a los demás.
Formar en humanidad implica integrar razón, afectividad, ética y espiritualidad. Implica enseñar a discernir, a dialogar y a reconocer límites. La libertad humana no consiste en redefinirse sin referencia alguna, sino en orientarse hacia el bien común. Como señala Cortina (2017), la ética no es un adorno opcional, sino el fundamento que hace posible la convivencia democrática.
Reflexionar sobre fenómenos como el de los terians puede convertirse, entonces, en una oportunidad educativa. No para estigmatizar ni caricaturizar, sino para dialogar sobre el significado profundo de ser humano. ¿Qué nos une más allá de nuestras autoidentificaciones? ¿Qué responsabilidades emergen de nuestra racionalidad y sociabilidad? ¿Cómo educar para que la búsqueda de identidad no se convierta en pérdida de sentido?
Bauman (2000) advertía que la fragilidad de las identidades contemporáneas genera ansiedad e inseguridad. Frente a ello, la educación debe ofrecer estabilidad ética y horizontes de significado. Una sociedad coherente y madura no se construye sobre la burla ni el desprecio, sino sobre la formación integral.
En definitiva, la cuestión no es juzgar las decisiones personales de quienes adoptan determinadas identidades, sino preguntarnos si estamos formando generaciones capaces de comprender y valorar la grandeza de ser humanos. Recuperar lo fundamental de la educación, formar en humanidad, es quizá la tarea más urgente de nuestro tiempo. Solo una educación que piense profundamente al ser humano podrá acompañar los cambios culturales sin perder el horizonte de la dignidad y el sentido.
Referencias
Bauman, Z. (2000). Modernidad líquida. Polity Press. Fondo de Cultura Económica. https://catedraepistemologia.wordpress.com/wp-content/uploads/2009/05/modernidad-liquida.pdf
Cortina, A. (2017). Aporofobia, el rechazo al pobre: Un desafío para la democracia. Paidós.
Francisco. (2019). Mensaje para el lanzamiento del Pacto Educativo Global. Vaticano. https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/pont-messages/2019/documents/papa-francesco_20190912_messaggio-patto-educativo.html
Francisco. (2020). Fratelli tutti. Libreria Editrice Vaticana. https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html
Hoguane, I., & Pinto, A. O. (2023). La educación como forma de promover la dignidad humana. International Journal of Education, Culture and Society, 8(3), 149–155. https://www.sciencepg.com/article/10.11648/j.ijecs.20230803.19
Castellanos, M. (2026, 19 de febrero). Investigador UST Temuco advierte sobre fenómeno “therian”: Identidad, validación social y búsqueda de pertenencia. Regiones Noticias. https://regionesnoticias.cl/la-araucania/2026/02/19/investigador-ust-temuco-advierte-sobre-fenomeno-therian-identidad-validacion-social-y-busqueda-de-pertenencia/76342
Kleindienst, P. (2024). El papel de la educación en la dignidad humana: Fomentando la paz y disminuyendo la violencia. Religions, 15(1), 66. https://doi.org/10.3390/rel15010066
Press, E. (2026, febrero 21). Un psicólogo descarta que la identidad ‘therian’ sea un trastorno: “Se trata de un juego de identificación”. Heraldo. https://www.heraldo.es/noticias/sociedad/2026/02/21/psicologo-descarta-therian-trastorno-juego-identificacion-1896261.amp.html
¿Cuál es tu reacción?
Me gusta
0
Disgusto
0
Amor
0
Divertido
0
Enojado
0
Triste
0
Guau
0